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OMP Jaén Yo soy Domund

Desde la Delegación Diocesana de Misiones y Dirección de Obras Misionales Pontificas nos unimos a la campaña #Yo soy Domund

La Iglesia ha entendido la exigencia de la comunión para la misión desde su nacimiento y la ha vivido intensamente a lo largo de la historia. En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos “perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42). La característica fundamental de la vida interna de la Iglesia, desde sus comienzos, fue el amor fraterno (cfr.  Hch 4, 31-37), que se concretaba en la comunión de bienes.  La oración comunitaria se basa en la reflexión sobre la Palabra de Dios, aplicada a las circunstancias de la vida (Hch 4, 23-30).  La fracción del pan en la Cena eucarística significaba y realizaba la comunión con Cristo y con los hermanos. 

La Iglesia recibe de Cristo la existencia para cumplir esta misión de comunión. Es la comunidad de los que ya recibieron el don de la comunión y son enviados a comunicarla a los demás.  En este sentido, la Iglesia es el principio y la señal del Reino, es decir, de la comunión universal.  Es el lugar donde debemos vivir la comunión para comunicarla a los demás.  Este imperativo de anunciar, comunicar y construir la comunión para que todos puedan vivirla, es la misión de la Iglesia en el mundo. Misión, es pues, comunión, en la Iglesia, entre las Iglesias, y  extensión de la comunión a todos los pueblos. Jesús presentó la comunión entre sus discípulos como un signo que conducirá los hombres a la fe: “que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17,21).